De acto benéfico a «universidad del cante»: 64 años del Concurso Antonio Mairena

El Concurso Nacional de Cante Jondo Antonio Mairena cambia este año. Bajo el lema «El Concurso hecho Festival», la cita de 2026 abandona de forma excepcional, su fórmula clásica de concurso para convertirse en una gran velada que reúne sobre el escenario a artistas que en su día ganaron el Premio Antonio Mairena: Remedios Reyes, Ana La Yiya, Caracolillo de Cádiz, Manuel Cástulo, Rubio de Pruna, y el baile de María Távora y su cuadro. La edición está dedicada a Aurora Vargas y tiene, además, carácter benéfico: sus ingresos se destinarán a las obras de la Capilla del Cristo de la Cárcel de Mairena del Alcor.

El cambio, sin embargo, no es una ruptura con la historia del certamen, sino todo lo contrario: es su mejor resumen. Porque lo que hace la edición de 2026 —convocar de nuevo a quienes un día se presentaron como aspirantes y hoy regresan convertidos en figuras— es exactamente lo que el Concurso Nacional de Cante Jondo Antonio Mairena ha hecho, de una forma u otra, desde 1962.

De un acto benéfico a un concurso nacional

El origen del certamen está ligado a otro hito capital en la trayectoria de Antonio Mairena: la III Llave de Oro del Cante, que el maestro obtuvo en Córdoba en 1962. Poco después de aquel reconocimiento, el párroco de Mairena del Alcor, Enrique López Guerrero, le propuso organizar un espectáculo con el que recaudar fondos para las necesidades de la parroquia y de la Hermandad Sacramental de San Bartolomé. Antonio Mairena se implicó personalmente en la idea, que conectaba además con un proyecto que llevaba tiempo dando vueltas en su cabeza: crear un encuentro que ayudara a promocionar el buen cante entre los aficionados y lo acercara a un público más amplio, siguiendo el ejemplo de experiencias como el Festival Internacional de Sevilla celebrado en el Patio de Banderas en 1955.

El 25 de agosto de 1962, dentro de las fiestas patronales, se celebró así el primer Festival de Canciones y Cante Flamenco, que incorporaba ya un concurso destinado a los aficionados de la comarca y que terminó, cómo no, con la actuación del propio Antonio Mairena. La investigación histórica publicada por la Casa del Arte Flamenco precisa que en 1963 no hubo festival por problemas económicos y que la siguiente edición no se celebró hasta 1964, un dato que explica algunas divergencias que todavía hoy pueden encontrarse entre fuentes antiguas a la hora de numerar los primeros festivales.

Antonio Mairena llegó a donar personalmente el primer premio del certamen, una copa de plata con su nombre. Pero fue en 1964, ante el éxito de las primeras convocatorias, cuando el Ayuntamiento asumió la organización y el festival quedó definitivamente vinculado al nombre del maestro, convirtiendo aquella iniciativa benéfica en una institución estable de la cultura local. Aquel mismo año, el ganador del Trofeo Antonio Mairena fue un jovencísimo Juan Peña «El Lebrijano», que con el tiempo se convertiría en una de las personalidades capitales del flamenco del último tercio del siglo XX. Pocas instituciones flamencas pueden presumir de haber acertado tan pronto.

Concurso y festival, dos noches con un mismo propósito

Desde 1965 se consolidó una fórmula que resultaría decisiva para el futuro del certamen: separar el Concurso y el Festival en dos jornadas, una dedicada fundamentalmente a descubrir y premiar a nuevos valores y otra reservada a las figuras ya consagradas. El sistema era, en el fondo, muy inteligente, porque convertía el concurso en antesala directa del escenario profesional. Quien destacaba una noche podía, casi sin transición, compartir programación y público con algunos de los grandes maestros del momento la noche siguiente.

Sobre esa misma base se construyó otro rasgo característico del certamen: su organización por grupos de cantes. No bastaba con presentar una interpretación efectista; el cantaor debía demostrar conocimiento de diferentes familias estilísticas, desde la soleá y la seguiriya hasta la malagueña, la granaína o los cantes de Levante. Aquella exigencia técnica, unida al rigor del jurado y a la memoria viva de Antonio Mairena presidiendo el certamen, es una de las claves para entender por qué ganar en Mairena empezó a significar algo distinto a ganar en cualquier otro concurso flamenco.

Los años sesenta: una cosecha irrepetible

Pocas instituciones flamencas pueden exhibir una concentración de futuras figuras tan extraordinaria en un periodo tan breve como el que vivió Mairena del Alcor entre 1964 y 1968. Tras el triunfo de El Lebrijano en 1964, la edición de 1965 dejó dos nombres fundamentales: Manuel Mairena, que recibiría la primera Antorcha del Cante —una distinción excepcional dentro de la historia del festival—, y un Calixto Sánchez de apenas dieciocho años, que se presentó al grupo de malagueñas y cantes de Levante con la malagueña de Enrique el Mellizo y la cartagenera de Antonio Chacón, y se llevó un premio de tres mil pesetas. Calixto volvería a Mairena en 1970, ya con más oficio, y de nuevo resultaría vencedor en su grupo. Con el tiempo sería Giraldillo del Cante en la primera Bienal de Flamenco de Sevilla, en 1980, y una de las grandes autoridades del flamenco andaluz; el Ayuntamiento de Mairena recuerda expresamente sus dos victorias en el certamen.

Si 1965 fue notable, 1966 resulta casi legendario. Entre los premiados de aquella edición aparecen Manuel Agujetas, José Menese y un Camarón de la Isla de apenas dieciséis años, que se alzó con el primer premio del segundo grupo del IV Festival de Cante Jondo de Mairena. Aquel triunfo no fue un simple trofeo de juventud: le permitió participar poco después en la Caracolá de Lebrija, donde compartió programación con El Lebrijano, Perrate de Utrera, Manolito de María, Curro Malena y El Turronero. Es, casi al pie de la letra, la demostración de cómo funcionaba el mecanismo mairenero: un muchacho de dieciséis años ganaba un premio en Mairena y, casi de inmediato, el reconocimiento se traducía en presencia en otro festival flamenco de referencia. Poco después llegarían Madrid, Torres Bermejas y la historia ya conocida junto a Paco de Lucía.

Al año siguiente, en 1967, fue Antonio Fernández Díaz «Fosforito» quien obtuvo la Placa de Plata; tres años más tarde, en 1970, conseguiría también la Antorcha del Cante, la segunda de la historia del certamen tras la de Manuel Mairena. Y en 1968, Antonio Núñez «Chocolate» se llevó el primer premio del festival, en la misma edición en la que empezaba a destacar Curro Malena, que repetiría premio al año siguiente. El caso de Curro Malena es, probablemente, uno de los mejores ejemplos documentados de lo que significaba entonces triunfar en Mairena: sus distinciones de 1968 y 1969 le abrieron la puerta a grabar un disco acompañado por Niño Ricardo, una de las grandes figuras históricas de la guitarra flamenca. Premio en Mairena, grabación discográfica, entrada en los circuitos profesionales: pocas trayectorias explican con tanta claridad el recorrido.

En apenas cinco años, por tanto, el escenario de Mairena había visto pasar a Lebrijano, Manuel Mairena, Calixto Sánchez, Agujetas, Camarón, Menese, Fosforito, Chocolate y Curro Malena. Casi todos ellos acabarían recibiendo Premios Nacionales, Giraldillos, llaves y cátedras, y varios protagonizarían algunas de las transformaciones fundamentales del flamenco de la segunda mitad del siglo XX.

Los setenta: la cantera no se detiene

La capacidad del certamen para detectar talento no se agotó con aquella generación inicial. Diego Clavel se impuso en uno de los grupos de 1970, la misma edición en la que Calixto Sánchez repetía triunfo. Juan Moneo «El Torta», uno de los cantaores más personales que ha dado Jerez, recibió en 1972 el premio al mejor cantaor por soleá, un reconocimiento que su propia biografía sitúa entre los más importantes de toda su carrera. En 1973 llegó el turno de José de la Tomasa, y en 1974 el de Rancapino, una de las grandes voces gaditanas del cante. Y en torno a 1975, un joven Antonio Cortés «Chiquetete» obtuvo el Premio Mairena justo antes de iniciar su carrera en solitario y grabar su primer LP, Triana despierta: de nuevo el mismo patrón, el premio como paso previo a la vida profesional.

Fue también durante los setenta cuando el festival entró en el circuito de Festivales de España y comenzó a atraer aficionados de fuera de Andalucía, e incluso del extranjero. Aquella proyección explica que la prensa especializada llegara a describir el certamen como una auténtica «universidad del cante» y que Mairena del Alcor fuera bautizada como «la capital del flamenco». La expresión no resultaba exagerada si se atendía a quién compartía cartel en aquellas noches: al margen de los premiados, por el festival pasaron artistas e invitados de la talla de Naranjito de Triana, Bernarda de Utrera, La Perla de Cádiz, Fosforito con Paco de Lucía, La Paquera, José Menese, Diego Clavel, Rancapino, El Turronero, Manolo Sanlúcar o José de la Tomasa, además de los propios Antonio y Manuel Mairena. El certamen alcanzó tal reconocimiento dentro de la estructura de concursos flamencos de la época que sus vencedores llegaron a clasificarse directamente para el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba.

Lo que decía la prensa

La reputación de Mairena como cantera de figuras no es, en absoluto, una reconstrucción hecha desde el presente: quedó registrada en su momento por la prensa. En agosto de 1966, ABC de Sevilla publicaba, con motivo del IV Festival, una valoración que la revista especializada Candil reprodujo después: «El Festival de Mairena se ha puesto indiscutiblemente a la cabeza», afirmaba el texto, que calificaba el balance de la edición como un éxito absoluto por su organización, su selección artística y su concepción de un festival hecho «por el cante y para el cante».

Casi dos décadas más tarde, el crítico Ángel Álvarez Caballero ofrecía en las páginas de El País, el 9 de septiembre de 1985, una de las formulaciones periodísticas más claras de aquella idea que circulaba en el mundo flamenco. Al informar de la victoria de Jesús Carrillo en el Premio Antonio Mairena, Álvarez Caballero definió el de Mairena como «uno de los concursos de cante flamenco más codiciados por los cantaores aficionados» y explicó por qué: triunfar allí solía constituir «un paso decisivo hacia la consagración definitiva». No era la primera vez que el certamen se cruzaba con una noche de altísimo nivel: un año antes, en 1984, la III Antorcha del Cante había enfrentado nada menos que a José Mercé, José Menese, Fernanda de Utrera, Chocolate y Curro Malena, que finalmente se alzó con la distinción tras una noche en la que, según el propio Álvarez Caballero, José Mercé había estado también a una altura extraordinaria.

Años después, en 1999, la periodista María José Carrasco titulaba en El País «Mairena del Alcor será este fin de semana la capital del cante jondo», explicando que el concurso seguía concebido para ofrecer a los jóvenes cantaores una oportunidad real de acceder a los circuitos flamencos. El entonces alcalde de la localidad, Antonio Casimiro Gavira, resumía la filosofía del certamen con una frase que podría suscribir cualquiera de sus organizadores seis décadas después: «Más que el premio en metálico, lo importante es la proyección posterior del artista». En 2016, el periodista Fran Pereira, en el Diario de Cádiz, seguía definiendo Mairena como uno de los pocos concursos que conservaban «especial trascendencia en todo el territorio nacional», con motivo de la victoria de Caracolillo de Cádiz; y en 2012, Antena 3 Noticias lo presentaba como una «cita imprescindible para los amantes del flamenco», en la que Mairena del Alcor volvía a convertirse, durante unos días, en la capital flamenca de España.

Ganar en Mairena: algo más que un premio

Durante generaciones, en el mundo flamenco circuló la idea de que ganar en Mairena era casi garantía de dar el salto a la profesión. Conviene tratarla con el rigor que merece: no existe una fuente que permita atribuir esa fórmula, tal cual, a una persona o un momento concretos. Pero su contenido resulta plenamente coherente con lo que demuestran los propios hechos. El Ayuntamiento de Mairena del Alcor explica hoy que triunfar en el certamen «abre muchas puertas» a los jóvenes cantaores; Ángel Álvarez Caballero escribió que hacerlo podía suponer un paso decisivo hacia la consagración; y el propio alcalde de la localidad afirmaba en 1999 que lo esencial del premio no era su dotación económica, sino la proyección que ofrecía después al artista.

Los ejemplos documentados avalan esa lectura. Camarón ganó con dieciséis años y, casi de inmediato, entró en la programación de otro festival de referencia. Curro Malena fue premiado dos años seguidos y aquello desembocó en una grabación junto a Niño Ricardo. Chiquetete obtuvo el Premio Mairena justo antes de iniciar su etapa discográfica en solitario. Y Juana la del Revuelo, ganadora en 1983, vio cómo aquel triunfo la llevaba a actuar en el mítico tablao Los Canasteros de Madrid, según recoge la documentación del Instituto Andaluz del Flamenco, contribuyendo a convertirla en una de las cantaoras más populares de aquella década. El de Mairena no era, en definitiva, un concurso que se agotara en la noche de la final: era, para no pocos artistas, el primer peldaño de una carrera.

La Casa del Arte Flamenco, memoria viva del certamen

La Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena, fundada en 1971, ha sido desde entonces garante de la continuidad del concurso. Llegó a asumir directamente la organización del Concurso y del Festival en 1977 y 1978 y, desde entonces, mantiene una intervención decisiva en el jurado, en la documentación del certamen y en la conservación de su archivo sonoro y hemerográfico. Su labor ha permitido que Mairena no sea únicamente una gala anual, sino el centro de una actividad permanente de conservación, investigación y divulgación que hoy se prolonga en el ciclo Viernes Jondos y en la recuperación de grabaciones históricas. Al presentar ese ciclo, la propia Casa del Arte recordó la «enorme cantera» que ha pasado por el certamen a lo largo de sus décadas de historia, citando expresamente a El Lebrijano, Manuel Agujetas, Calixto Sánchez, Camarón, Fosforito, Juan Moneo «El Torta» y Curro Malena.

Del patio de la Academia al Auditorio Manuel Mairena

El certamen también ha cambiado de escenario a lo largo de su historia. En 1979, Concurso y Festival se trasladaron al patio del colegio de la Academia; desde 1998, la gran cita se celebra en la Casa Palacio de los Duques de Arcos, con el Auditorio Municipal Manuel Mairena como espacio de referencia para las finales. En 1986 se celebró con solemnidad el XXV aniversario del festival, y en 2008 su trayectoria recibió un reconocimiento institucional de primer orden: el 14 de marzo de ese año, el Festival y Concurso de Cante Jondo Antonio Mairena fue declarado de Interés Turístico de Andalucía.

Un concurso exigente, no solo un escenario

Parte del prestigio del certamen tiene que ver también con la exigencia de su jurado y de su público, formado tradicionalmente por aficionados, cantaores, críticos e investigadores familiarizados con las variantes estilísticas del cante. Ganar no consistía en imponerse en una competición cualquiera, sino en defender soleares, seguiriyas, tonás, malagueñas o cantes de Levante ante un entorno flamenco especialmente riguroso, lo que convertía la victoria en una credencial reconocible en todo el circuito.

Esa exigencia se mantiene en la estructura actual de premios, que distingue el gran galardón —el Premio Antonio Mairena— del Premio Calixto Sánchez y del Premio Manuel Mairena, este último reservado a los jóvenes. El premio principal está dotado con 7.000 euros, un medallón de Antonio Mairena, un recital posterior en la Casa del Arte y una actuación en el Festival, conservando así aquel principio histórico según el cual el premio debe ir acompañado de oportunidades reales para seguir cantando. Los aspirantes deben interpretar tres cantes pertenecientes a grupos diferentes y no pueden repetir en la final el mismo cante utilizado en las clasificatorias; quienes ya han ganado el Premio Antonio Mairena, además, no pueden volver a competir por él.

Del siglo XX al XXI: otros caminos, la misma exigencia

Con el paso del tiempo, los concursos flamencos han perdido parte de la función casi exclusiva que tuvieron en los años sesenta y setenta a la hora de lanzar una carrera: la industria discográfica, los conservatorios, las fundaciones, las redes sociales y los grandes festivales han abierto otras vías de proyección. Pero Mairena ha conservado una singularidad que pocos certámenes mantienen. Un texto especializado de 2012 se refería al concurso como el «concurso de concursos», denominación con la que —según su autor— había sido conocido durante décadas, y sostenía que, pese a la evolución del panorama flamenco, su importancia seguía siendo determinante en la formación de nuevas generaciones de cantaores. En 2015 llegaron a inscribirse más de noventa participantes en las fases clasificatorias, una cifra que confirma que el premio seguía resultando atractivo para los intérpretes.

La nómina de premiados ha seguido creciendo en las últimas décadas: Antonio Ortega ganó el Premio Antonio Mairena en 1990; Rubito Hijo, en 2003; Paco Morillo, en 2008; Manuela Cordero, en 2012; Rubio de Pruna, en 2014; y Caracolillo de Cádiz, en 2016. El caso de Rubio de Pruna añade otro vínculo con la gran historia del flamenco: antes de proclamarse ganador en Mairena, había sido cantaor del grupo de Paco de Lucía durante los últimos años de vida del guitarrista, y llegó a la final mairenera interpretando tonás, soleá y seguiriya. En la etapa más reciente, el Premio Antonio Mairena ha recaído en Ana María Ramírez Limones «La Yiya», en 2023, y en Remedios Reyes, en 2024. En 2025, el jurado optó por dejar vacante el propio Premio Antonio Mairena —una decisión que demuestra que la exigencia del certamen sigue intacta—, mientras que el Premio Calixto Sánchez fue para Isco Heredia y el Premio Manuel Mairena, para Luis Ortega.

2026: el Concurso hecho Festival

Es en ese recorrido, y no al margen de él, donde cobra sentido la decisión de convertir la LXIV edición en un festival benéfico. Al reunir sobre el escenario a Remedios Reyes, Ana La Yiya, Caracolillo de Cádiz, Manuel Cástulo, Rubio de Pruna y María Távora —todos ellos ganadores del Premio Antonio Mairena en ediciones recientes—, la Casa del Arte no rompe con la tradición del certamen, sino que la pone en escena de la manera más literal posible: los aspirantes de ayer regresan convertidos en las figuras del festival de hoy, la misma dinámica que llevó a Camarón, a Fosforito o a Curro Malena a compartir cartel con los grandes nombres de su tiempo tras ganar en Mairena. El carácter benéfico de esta edición, dedicada a Aurora Vargas y destinada a las obras de la Capilla del Cristo de la Cárcel de Mairena del Alcor, enlaza además con el espíritu con el que nació el certamen en 1962: un espectáculo pensado, también, para ayudar a la comunidad que lo sostiene.

Sesenta y cuatro años después

Puede resumirse la aportación del Concurso Nacional de Cante Jondo Antonio Mairena en una sola idea: durante más de sesenta años ha sido uno de los lugares donde el flamenco ha identificado, en voz alta y ante su público más exigente, a algunas de sus futuras figuras. No todos los ganadores alcanzaron una gran carrera, y no todas las grandes figuras del cante necesitaron pasar por Mairena. Pero basta reparar en que, en apenas doce años, por sus tablas pasaron El Lebrijano, Manuel Mairena, Calixto Sánchez, Agujetas, Camarón, Menese, Fosforito, Chocolate, Curro Malena, Diego Clavel, El Torta, José de la Tomasa, Rancapino y Chiquetete para entender la magnitud de lo que allí ocurrió.

Aquella intuición inicial de un párroco y un cantaor que solo querían recaudar fondos para su parroquia se convirtió, con los años, en una de las instituciones más influyentes del flamenco contemporáneo, y en un patrimonio que la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena sigue custodiando, edición tras edición, verano tras verano. La de 2026 es, en ese sentido, una página más de una misma historia: la del escenario de Mairena, siempre abierto a que quien un día se presentó como aspirante regrese, más adelante, convertido en maestro.


El Concurso hecho Festival · LXIV edición
4 de septiembre de 2026
Auditorio Manuel Mairena, Casa Palacio de los Duques de Arcos
Con Remedios Reyes, Ana La Yiya, Caracolillo de Cádiz, Manuel Cástulo, Rubio de Pruna y María Távora
Edición dedicada a Aurora Vargas
Carácter benéfico a favor de las obras de la Capilla del Cristo de la Cárcel de Mairena del Alcor

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